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La contaminación del aire altera la función inmunológica y empeora los síntomas del asma

  • Publicado en Noticias

Según un estudio la exposición a aire contaminado está relacionada con un funcionamiento mermado de un gen que parece aumentar la gravedad del asma en niños, según un estudio conjunto de la Universidad de Standford y la de Berkeley, California.

Contaminacion del aire

Mientras está demostrado que la polución provoca inflamaciones inmediatamente, este nuevo estudio aporta una de las primeras evidencias directas de que los contaminantes del aire pueden tener consecuencias a largo plazo. Estos hallazgos, publicados en la edición de octubre de 2010 de la Revista Journal of Allergy and Clinical Immunology, son el resultado de un estudio realizado a 181 niños con y sin asma de las ciudades californianas de Fresno y Palo Alto.
Los investigadores descubrieron que la exposición a aire contaminado suprimía las células T reguladoras (células Treg) del sistema inmunitario, y que el nivel reducido de función Treg estaba relacionado con síntomas de asma y una menor capacidad pulmonar. Las células Treg son las responsables de frenar al sistema inmunitario para que no reaccione a sustancias no patógenas del cuerpo relacionadas con alergias o asma. Cuando la función Treg es baja, las células no consiguen bloquear las respuestas inflamatorias, que son la marca distintiva de los síntomas del asma.

Estos datos tienen implicaciones potenciales en los nacimientos con problemas relacionados con la contaminación del aire, prácticamente los mismos que provoca el humo del tabaco. “Cuando se divulgó que el tabaco podía causar cambios moleculares, quería decir que era posible que las madres fumadoras influyeran en el ADN de sus hijos durante el desarrollo fetal”, declaró el responsable del estudio, el Dr. Kari Nadeau, pediatra del Hospital Infantil Lucile Packard de Standford y profesor asistente de alergia e inmunología en la Facultad de Medicina de Stanford.” De manera similar, estos resultados sugieren la posibilidad de un efecto hereditario de la contaminación ambiental.”

Había 41 participantes del Estudio del entorno de niños asmáticos de Fresno (FACES), un estudio longitudinal dirigido por la investigadora principal, la Dra. Ira Tager, profesora de epidemiología en la Facultad de Salud Pública de Berkeley (UC), y la investigadora Katharine Hammond, profesora de la Universidad de Berkeley, California, y presidenta de ciencias de la salud medioambiental.

Los investigadores también reclutaron a 30 niños de Fresno que no sufrían asma. “No me constan otros estudios que hayan estudiado cómo las sustancias químicas pueden alterar las células en un estado tan temprano del proceso regulatorio, y luego relacionarlo con síntomas clínicos”, afirmó Tager. “Aún hay gente que cuestiona la relación directa entre la contaminación y la salud, pero estos hallazgos hacen que el impacto de los contaminantes en la salud sea más difícil de negar.”

Se eligió Fresno por estar situada en el valle central de California, en el que la mezcla de aire caliente atrapado se mezcla con tráfico denso y agricultura intensiva, lo que resulta en uno de los más altos niveles de polución del país. Además, es una región conocida por la alta incidencia de asma: Casi uno de cada tres niños sufren esta enfermedad, haciendo merecedora a la ciudad del apelativo “la capital del asma de California”.

Los investigadores compararon a los participantes de Fresno con 80 niños, la mitad sin asma y la otra mitad con la enfermedad, de la relativamente poco contaminada ciudad de Palo Alto, California. Los niños fueron agrupados en función de su edad, sexo y grado de asma, entre otras variables, y se les hicieron pruebas de función respiratoria, sensibilidad alérgica y células Treg en sangre. Los datos diarios de calidad de aire fueron extraídos de las estaciones de control de la California Air Resources Board (Junta de Recursos del Aire de California).

El equipo de investigación calculó la exposición anual media de cada niño a los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), que son un subproducto de los combustibles fósiles y uno de los principales contaminantes presentes en los gases de escape de los automóviles. El estudio reveló que la exposición anual a HAP era 7 veces mayor en los niños de Fresno que en los de Palo Alto. Los niveles de ozono y partículas eran también significativamente más altos en Fresno. Otro hallazgo nada sorprendente resultó ser que los niños de Fresno tenían niveles generales de función Treg más bajos y síntomas de asma más graves que los niños de Palo Alto. Por ejemplo, los resultados de función Treg de los niños sin asma en Fresno eran iguales que los de los niños con asma en Palo Alto.

Los autores del estudio relacionaron una mayor exposición a HAP con la metilación de los genes, el factor de transcripción FOXP3, que provoca el desarrollo de células Treg. La metilación efectivamente inhabilita la función del gen, lo que resulta en menores niveles de células Treg. La relación entre la función Treg y la gravedad de los síntomas de asma era válida para los niños de ambos grupos.

Mientras anteriores estudios encontraron relaciones entre la contaminación – especialmente por los gases de escape de los automóviles - y un mayor riesgo de desarrollar asma, pocos han delineado su secuencia molecular de manera tan completa, afirmaron los autores de la investigación. “La relación entre las emisiones de diesel y el asma podría haber sido simplemente que las partículas estaban irritando los pulmones”, dijo Nadeau. “Lo que hemos descubierto es que los problemas son más sistémicos.

Éste es uno de los pocos ensayos que han relacionado de la A a la Z la exposición a la contaminación con los niveles de células Treg suprimidas, cambios en genes clave y una mayor gravedad en los síntomas del asma.” Los investigadores percibieron que las células Treg son clave en otros trastornos autoinmunes, así pues, las implicaciones de este estudio pueden ser mayores que las referidas al asma.

Entre los autores del estudio se encuentra el Dr. John Balmes, profesor de ciencias de la salud medioambiental en UC Berkeley; Elizabeth Noth y Boriana Pratt, investigadoras de UC Berkeley en FACES; y Cameron McDonald-Hyman, asistente de investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. El Instituto Nacional de Salud, la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos y la Asociación Americana del Pulmón han colaborado en la realización de este estudio.

Fuente: ScienceDaily (6 de octubre de 2010)

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